Del puerto al hotel decidimos ir dando un paseo pues habíamos dejado su coche en el parking,, fuimos charlando agradablemente y recordando momentos graciosos del día, a medio camino nos sorprendió una tormenta, buscamos refugio debajo de un balcón y el paso su brazo por encima de mi hombro pues estaba helada, mi corazón empezó a acelerarse cuando vi su mirada perdida en la mía, esa sensación me asusto y salí corriendo invitándole a mojarse para salir del paso, llegamos al hotel totalmente calados y muertos de risa, me acompaño a la puerta de mi habitación, mi cabello estaba totalmente mojado y pegado a mi frente y cuello, menos mal que al ir bronceada no llevaba maquillaje ni rimel pues sino seguramente estaría de lo más ridícula, el al tener el pelo tan corto tenia pequeñas gotitas por todo el, que iban cayendo por su cara totalmente empapada, no podíamos parar de reír y eso que nos costaba respirar pues estábamos algo exaltados debido a la carrera que habíamos realizado hasta el hotel, sus ojos quedaron clavados a los míos y de pronto los míos también a los suyos, mi respiración fue entonces más lenta y profunda, apenas sin darme cuenta sus manos sujetaban mi rostro y sus labios se hundían en los míos, mis brazos rodearon su espalda, su enorme y ancha espalda y nos fundimos en un hermoso y pasional beso, no se cuanto tiempo pasamos allí pero un beso terminaba y otro más intenso comenzaba, sentía que no podía escapar de él, que su cuerpo era un imán contra el mío y ardía en deseos de invitarle a entrar pero no me atreví a hacerlo con lo que aprovechando un descuido entre beso y beso me despedí de el hasta el día siguiente.

Esa noche apenas si pude dormir, estaba eufórica como una niña de quince años que descubre por primera vez lo que es un beso, no podía de dejar de reír y si me miraba en el espejo tenía la típica cara de “ boba, te enamoraste “ yo sola me reía de mi misma, era obvio, me gustaba mucho Orlando, pensando en el y sin darme cuenta me quede dormida y fue precisamente su voz la que me despertó por la mañana, me llamo desde recepción para decirme que me esperaba abajo.

Salte de la cama corriendo hacía la ducha ¡ como puede avisarme así! ¡ lo mato! Pensaba una y otra vez mientras corría por la habitación cogiendo las cosas para tardar lo menos posible.

Cuando baje estaba radiante con una hermosa y gran sonrisa en su cara y apenas llegue a su altura un inmenso beso deposito en mis labios consiguiendo ruborizarme al ver las risitas en las caras de las recepcionistas.

Pasamos la mañana jugueteando en la playa y dando largos paseos cogidos de la mano, quede un par de horas dormida tumbada en la arena y cuando desperté su brazo cubría mi cuerpo y mi cabeza descansaba en su pecho, me estaba enamorando de el.

Un mensaje se escucho llegar al móvil de Orlando, es Nora- contesto el.

No vuelve mañana, por lo visto tiene que ir a Iguazú y sale directamente desde allí.

Valla-dije

¿te incomoda estas a solas conmigo?-pregunto el entre muecas

No, tonto no es eso, es que a Nora no le gusta estar sola y me da pena no poder acompañarla.

¡Hagamoslo!-dijo de pronto mientras se incorporaba

¿Cómo?-conteste.

¡Volemos a Iguazú!, le daremos una sorpresa.

Ciertamente la idea me encanto y así lo hicimos, me dejo en el hotel para que preparara todas mis cosas mientras el iba a su hotel a recoger las suyas, pasamos a devolver el coche que había tenido alquilado esas dos semanas y tan solo unas horas después estábamos subiendo a un avión destino Iguazú…

El viaje a Iguazú no se hizo muy largo pues no había mucha distancia o quizás era que después del susto del vuelo a Salvador y las largas horas del trayecto hacían que todo lo demás fuese más llevadero, como era ya algo habitual Nora se hospedaba en uno de los mejores hoteles de la zona, justo en la montaña desde donde se veían las impresionantes cataratas de Iguazú, creo que en mi vida había visto algo tan precioso.

¡Bonitas verdad!- susurro Orlando mientras depositaba un dulce beso en mi mejilla.

Si, son impresionantes-conteste devolviéndole su beso en los labios.

Orlando dejo las maletas a la chica de recepción para que las llevaran a nuestras habitaciones y llamo a Nora para informarse de en que lugar se encontraba, por supuesto todo ello sin decirle que nos encontrábamos allí.

Nora se alegro muchísimo de escucharnos, se encontraba justamente en las cataratas grabando un reportaje, estuvimos como unos diez o quince minutos hablando con ella para que no sospechara nada y salimos a su encuentro.

¿Te preocupa algo?pregunto Orlando mirándome a los ojos

No-dije yo casi susurrando.

Yo misma me delate y una carcajada salto de mis labios.

No se mentir-dije entre risas

Dime¿Qué te preocupa?

No se como Nora se pueda tomar lo nuestro, pues tengo la sensación de que ella siente algo por ti.

No pasa nada, esperaremos hasta ver el momento oportuno para decírselo ¿te parece bien?

Si, me parece bien-conteste agradecida por su gesto y esbozando una sonrisita.

El trayecto hasta llegar a los pies de las cataratas es precioso, por supuesto todo esta completamente lleno de vegetación pues nos encontramos en plena selva amazónica y es alucinante ver semejante espectáculo creado por la naturaleza.

Ya divisamos las cámaras y los compañeros de Nora, un poco más allá vemos a nuestra amiga y…

Los dos abrimos los ojos de par en par y Orlando susurra a mi oído:

¡Tenias razón cielo, esta totalmente colada por mi!Mientras una carcajada se escapa de su pecho.

Solo pude darle un codazo y reírme seguidamente con el, Nora esta muy ricamente acomodada en las rodillas de un alto y apuesto rubio y no están leyendo ningún texto precisamente que digamos andan mas bien muy acaramelados.

Conforme nos vamos acercando Nora se percata de nuestra llegada y echa a correr hacia nosotros pegando pequeños grititos de jubilo y satisfacción, a saltado literalmente sobre nosotros por lo que ahora descansamos en el suelo con ella gritando todavía encima nuestra.

¿ Pero que hacéis aquí? ¡No me lo puedo creer! ¡Como me habéis engañado!- repite una y otra vez.

Enseguida nos presenta a su inesperado amigo muy emocionada por cierto.

El es Hugo, compañero de producción-dice sin parar de mirarle y cogerle la mano, sin poder estar ni un segundo apoyando ambos pies en el suelo,dando pequeños saltitos de emoción.

Hugo es un chico bastante alto y delgado, nuestra amiga apenas si le llegaba por el hombro si se quitaba los siete centímetros de tacón que por lo general solía llevar, de pelo rubio y larga melena recogida en una desenfadada coleta baja y unos impresionantes y enormes ojos verdes, de un verde esmeralda que creo no haber visto nunca antes.

Es bastante gracioso y divertido, muy animado al igual que nuestra amiga y enseguida nos enseña todo el tinglado que allí tenían montado, mientras Nora terminaba de grabar unas secuencias.

Hugo nos abandona reclamado por Nora y decidimos dar una vuelta para terminar de ver las cataratas, terminan en una especie de puente de madera muy estrechito que te lleva justo hasta los pies de la cascada y algo increíble, desde el se ve el arco iris justo a los pies de ella, es una imagen inigualable os lo aseguro.

Estoy apoyada en la barandilla y Orlando me ha cogido de la cintura por detrás, ha mirado a su alrededor por si teníamos espías pero nada ve y empieza a deslizar sus labios por mi cuello y a depositar en él pequeños besitos, cierro los ojos y me dejo llevar pues…¿ Que otra cosa puedo hacer, sino disfrutar?

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