Orlando estaba radiante con el sol pegando tras de él, su pecho al descubierto dejaba ver lo bien formado que estaba y al cual me era inevitable acariciar suavemente con mis dedos, mientras él seguía acariciando mi cara, muy despacio se acerco a mí y me empezó a besar… ya no pudimos parar y ambos nos fundimos en un acto realmente hermoso cuando se hace entre dos personas que se aman de verdad.

Nos duchamos juntos pero lógicamente tendría que cambiar mi ropa interior y ponerme otra cosa para salir ese día con lo cual tengo que ir a mi habitación, mientras Orlando conversa con Nora para quedar los cuatro de nuevo.
Salgo de la habitación de mi niño y la señora de la limpieza que está en el pasillo me saluda muy amablemente, devuelvo el saludo y me dirijo a mi cuarto, -¿ qué pensará la señora de la limpieza?- voy pensando para mi, a la vez que mi sonrisa me delata por completo pues se me ve plenamente feliz, abro la puerta y justo allí, justo enfrente me encuentro un enorme ramo de margaritas blancas, mi pecho no para de bombear, no puede ser, no, no, repito una y otra vez mientras salgo retrocediendo hacía atrás llorando, la limpiadora que está a la altura de la habitación de Orlando me pregunta:
¿ se encuentra usted bien, señorita?
Mi amor casualmente la escucha y no lo piensa dos veces, cubriéndose tan solo con la toalla de baño sale corriendo hacia mí.
¿Qué ocurre mi vida? Dime, ¿Qué pasa?
Al verme mirar hacia dentro entra dispuesto a lanzarse sobre quien este dentro esperándome, mira a su alrededor y comenta;
¡No hay nadie aquí cariño!
Pero… ¡Pero el ramo! ¿Las margaritas?...
¿Las margaritas?- dice él
¡Fui yo cariño!
Nora me dijo que eran tus preferidas y pedí a recepción que te subiesen un ramo, pensé que te gustaría ¿Acaso me equivoque ?
No, no, lo siento- respondí abrazándole.
¡Son preciosas! De veras que lo son, muchas gracias- le repetía una y otra vez pues me sentía estúpida por lo ocurrido.
Cuando estuve más tranquila y mientras desayunábamos algo en el restaurante del hotel le conté lo sucedido en casa con los ramos de margaritas y que aunque era una tontería pensé que se trataba nuevamente de él.
Orlando lo entendió y me abrazo disculpándose.
No tienes nada de que disculparte- le dije
Las flores son preciosas y te agradezco enormemente el detalle que has tenido conmigo- le repetí de nuevo
Seguimos charlando mientras esperábamos en la puerta del hotel la llegada de Hugo, nuestros amigos se encontraban en la selva y solamente si él nos recogía conseguiríamos dar con aquel lugar.
Pronto llegaría en un Jeep para recogernos, nos saludo con una enorme sonrisa y nos invito a subir, sin tan siquiera parar el motor del coche, salió derrapando con lo que fui a parar al lado izquierdo de la parte de atrás y decidí agarrarme fuertemente pues me daba la sensación de que iba a ser un viaje movidito.
No pude evitar ir bastante tiempo observando a Hugo pues era la persona que estaba ocupando el corazón de mi amiga y no quería que esta lo pasara mal.
Nora era una chica que rara vez mostraba sus sentimientos, su rostro aunque siempre alegre no dejaba escapar ninguna muestra de afecto hacia nadie, bueno hacia mí en alguna que otra ocasión sí, pero la nuestra era una relación de muchísimos años; por eso me encantaba ver así a mi amiga, me gustaba ver el brillo que desprendían sus ojos cuando él la miraba, cuando algo le contaba…
Nora lo paso muy mal en su juventud pues en el mundo televisivo hay mucho buitre suelto que creen tener el derecho de coger a su paso todo lo que se les presenta, pero que cuando no se les permite cogerlo, todavía ponen más empeño y lo cogen aunque no se les permita, por eso ella era tan fría en sus relaciones y por eso mismo creo que nunca duraba más de dos meses con ninguna de sus parejas, por miedo a sufrir, por miedo a que pensaran que tenían cualquier derecho sobre ella y por eso era ella la que cogía lo que quería y después desaparecía, eso mismo era lo que ahora me tenia intrigada, pues los ojos de Nora no reflejaban que acabara de conocer a Hugo pero a la vez me extrañaba mucho que no me hubiese contado nada, pero lo mejor será preguntarle a ella y así salir de dudas, pues lo importante es que mi amiga es feliz, muy feliz a su lado.
Como era de esperar los botes se sucedían unos con otros pues Hugo nos metió por medio de la selva, sin apenas esperármelo, saco un rifle y se lo paso a Orlando.
Toma, mantelo preparado- dijo este
¿Qué? ¿Para qué? ¿Porque le das un rifle a Orlando?- pregunte muy asustada.
¡La selva es peligrosa y nunca se sabe, es mejor estar preparados ¡- ríe Hugo
Pero, ¡tranquila! solo es por precaución, solo dispararía al aire- contesta de nuevo soltando una carcajada.
Unos quince minutos más tarde llegamos al lado de mi querida amiga.
¡Vamos! ¡Mira que sois lentos!
¿Qué tal la noche?, me pregunta levantando las cejas y mostrando sus dientecillos como una autentica payasa.
¡Qué tonta eres! conteste de nuevo muerta de risa.
¿Para qué es esto Nora ¿ ¿ Donde leches vamos ?
Nora vuelve a reír
¡Tú ponte esto y cállate anda! ¡Vamos de paseo!
¡ Noraaaaa !

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